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11 de diciembre de 2008

hoy

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Estoy faltando a mi palabra con Noc. Habíamos quedado en que no ibamos a superponernos al publicar en este blog mancomunado y es lo que estoy haciendo. Es un día que aún para mí no terminó, porque es un día de los tantos que me pregunto que hacemos por nosotros mismos independientemente de creer que sí hacemos. No se. A veces nos miramos y todo parece desfallecer. Ese es uno de esos días. Todo me resulta previsiblemente espantoso, hasta lo que nos salva un poco. Hoy, que creo estar más cuerda en mi locura, siento que es poco lo que, en esencia, nos importa. No nos miramos, apenas nos relojeamos. Creemos ser la dicha y nos alcanzan las mayores de las tragedias como especie. Hoy es uno de esos días en que estuve más alienada por las noticias del levantamiento griego y fui tras todos los olfatos que la verdadera prensa –la ninguneada- me mostraba. Y me duele que siempre seamos pueblos en donde el orden que impera es el de los golpes. Tanto como las mujeres golpeadas. Tanto como los chicos golpeados. Tanto como pedir lo que nos corresponde y nos maten. Me rebela que tengamos que escapar siempre y por calles laterales. Me exaspera que cuando marchamos por lo que sea, tengamos que pasar desapercibidos, porque los servicios vigilan. Me duele que crean de mi sólo lo que ven. Soy otra, esa que muy pocos encuentran. Me molesta que haya muchas personas que sólo se miran a sí mismos y que se sienten medianamente contentos cuando se sienten percibidos. Me indigna que no tengan capacidad para observar sin censurar. Me da lástima que no puedan moverse un poco más allá de cualquier destino preestablecido. Hoy estoy así. Mi franqueza “bloggera” también me indigna, pero pese a que hay que tratar de no hacer catarsis cuando se escribe, esa enseñanza la soslayo por un rato nomás. Miro fotos de enfrentamientos de antaño y me da mucha tristeza no saber dónde están los retratados, dónde pudieron colar tanta furia. ¿Se habrán domesticado? Y pienso si yo me domestiqué. Y siento que me han vencido en algunas cosas. El Oráculo de Delfos a mis siete años para unir la familia diezmada y yo llorando porque extrañaba. Siempre estuve al revés de los acontecimientos. Y eso duele. La Unión Europea en alerta. Sus pueblos siguiendo el ícono de Alexis y las fuerzas de seguridad magullando para que lo olviden. Recuerdo eso mismo acá. Y el azar molestando siempre. Los sucesos no son aleatorios. El materialismo histórico nos enseñó otra cosa. Y me quedo con eso. La compulsa de rebeldías. La inutilidad de las democracias formales. El grito de liberación. Me quedo con eso y con el desembarco de algún otro esperado Granma.
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4 comentarios:

Idea dijo...

Sólo decirte que comparto tus palabras y acaso también el sentimiento.Caríños.

Luc dijo...

Muchas cosas, comparte parte del sentimiento, incluso hasta con un poco de culpa o por lo menos con un autocuestionamiento. Muchas veces caigo en un solipsismo indiferente que no es más que una defensa ante la incertidumbre de no saber qué hacer ante el avance global del sufrimiento. No tengo muchas, respuestas, es más tengo sólo dudas.

Un beso

ateniense dijo...

Idea: Gracias.

Un abrazo enorme

ateniense dijo...

Luchka: Todos nos cuestionamos. Sobre todo sabiendo que podemos hacer más y mejor.

¿Dudas? Yo ya estoy tratando de despojarme de muchas.

(eso quizás sirva para la acción, esa que tanto necesitamos) Estar en la vida como si miraramos un partido de tenis, es muy triste...demasiado, no?

Beso más abrazo enorme.
TQM!!!