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11 de octubre de 2009

sub

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"18 de octubre de 1996. De: Subcomandante Insurgente Marcos. CCRI-CG del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Montañas del Sureste Mexicano, Chiapas. México. Don Sabina: "Yo sé que le parecerá extraño que le escriba, pero resulta que me duele la muela y, según acabo de leer, usted camina ahora por estas tierras que, mientras no acaben por venderlas también, siguen siendo mexicanas. Entonces pensé yo que, aprovechando que me duele la muela y que usted camina ahora bajo estos cielos, pudiera yo escribirle y saludarlo e invitarlo a echarse un "palomazo" con el Sub (a larga distancia, se entiende)". "¿Qué dice usted? ¿Cómo? ¿Que qué tiene que ver el dolor de muelas con el 'palomazo'? Bueno, tiene usted razón, debo explicarle entonces la muy extraña relación entre el dolor de muelas, el que usted camine por estas tierras, la larga distancia y una muchacha. No, no se sorprenda usted de que ahora haya aparecido una muchacha. Siempre aparece una, vos lo sabés Sabina". "Bien, resulta que cuando yo pasaba por esa etapa difícil en que uno descubre que ya no es más un niño y tampoco alcanza a ser un hombre (esa etapa, vos lo sabés Sabina, en que las féminas se transmutan de molestas a interesantes y hay que ver la de problemas que esto provoca), conocí a un viejo que, sin que se lo pidiera, decidió que tenía que darme un consejo sobre esos seres incomprensibles pero tan amables que eran, y son, las mujeres. 'Mira muchacho' me dijo, "la vida de un hombre no es más que la búsqueda de una mujer. Fijate que digo 'una mujer' y no 'cualquier mujer'. Y por 'una mujer', muchacho, me estoy refiriendo a una de 'única'. El problema está en que el hombre siempre queda con la duda de si la mujer que encontró, si es que encuentra alguna, es esa 'una mujer' que estaba buscando. Yo ya estoy viejo y he descubierto una fórmula infalible para saber si la mujer que uno encontró es la 'una mujer' que estaba uno buscando. El viejo carraspeó y me confió: 'Si tu le dices a una mujer que te duele una muela y ella, en lugar de mandarte al dentista o darte un analgésico, te abraza y deja que recuestes la mejilla en sus pechos, entonces, muchacho, esa mujer es la 'una mujer' que andabas buscando'. Yo me quedé perplejo, pero como quiera tomé nota de la fórmula. A mí nunca se me había ocurrido que debía pasarme la vida buscando una mujer. A mí se me ocurrían cosas más concretas y factibles, como ser bombero, conquistar el mundo o construir un avión que se controlara solo con el pensamiento. Respecto a las mujeres, yo me tenía en muy alta estima y estaba más propenso a que esa 'una mujer' me encontrara a mí, que a buscarla yo. A mí ni se me ocurrió que la fórmula estuviera mal. Así que achaqué mis primeros fracasos a la falta de autenticidad en mi dolor de muelas. Con clips y palillos, después de una paciente labor de meses, logré picarme dos muelas con tanto éxito que tuve que acompañar la estrategia con una fuerte dosis de antibióticos. Repetí la fórmula, ahora con la confianza de saberme auténtico, y los resultados siguieron siendo magros.Así hubiera seguido adelante, acabando con mis muelas, si no es porque, ya adolescente, encontré a otro viejo que, cruel, me dijo: 'Tu problema está en la cara. Más bien en tu nariz. A los feos, las muchachas no les hacen caso, a menos que sean cantantes' ". "'¿Cantantes?'" Bueno, esta nueva fórmula les daría reposo a mis muelas (que por lo demás ya estaban definitivamente destrozadas). Claro que el problema entonces era saber qué se necesitaba para ser cantante. Después, escuchando canciones, me di cuenta de que el problema era mayor, ya que una cosa era ser 'cantante' y otra más difícil era ser 'cantautor' o 'canta-autor' (vos lo sabés Sabina). Entonces hice trampa, es decir, escribí algunos poemas (o como se llamara lo que escribía) y dejaba siempre pendiente la música". "Resulta que (vos lo sabés, Sabina) hay ahora una muchacha que está demasiado lejos y entonces pensé que usted, Don Sabina, podría echarme una mano y una tonadita (mire que no es lo mismo pero pudiera ser igual). Y usted podría echarme una mano si me permitiera tutearlo y, cómplice como ha sido antes sin saberlo, fingiera usted que nos conocemos desde hace mucho tiempo y que, por tanto, es perfectamente natural que usted reciba una carta del Sub redactada en los siguientes términos: "Sabina (sí, ya sé que te desconcierta este inicial e irreverente tuteo, pero tú compórtate como si tal cosa): He trabajado arduamente en los últimos días en la letra que me encargaste para tu nueva canción (Vamos, quita ya esa cara de espanto! Ya sé que no me has encargado ninguna letra para ninguna canción, pero sígueme la corriente para despistar al enemigo) pero ha sido inútil. No me sale nada original. Así las cosas, busqué en el cofre del pirata y solo encontré un viejo y mohoso poema, que no es tan viejo y tal vez ni a poema llegue, que te puede servir si le das un poco de aliño. Es ideal para ponerle música y escalar con velocidad el 'hit parade' internacional (no me preguntes si para arriba o para abajo), pero tú ya sabes que a nosotros los artistas (sigue fingiendo demencia, no denotes la menor sorpresa) no nos importa la fama (bueno, no mucho). En este caso particular, a mí solo me interesa una muchacha que está demasiado lejos para que pueda yo musitarle al oído este poema y arrancarle así, vos lo sabés Sabina, una sonrisa o una lágrima. El poema dice, más o menos, así: "Como si llegaran a buen puerto mis ansias, como si hubiera donde hacerse fuerte, como si hubiera por fin destino para mis pasos, como si encontrara mi verdad primera, como traerse al hoy cada mañana, como un suspiro profundo y quedo, como un dolor de muelas aliviado, como lo imposible por fin hecho, como si alguien de veras me quisiera, como si, al fin, un buen poema me saliera. llegar a ti." "La tonadita puede ir más o menos así: tara-tarara-tararira-etcétera, vos lo sabés Sabina. El título de la canción podría ser 'Canción para una muchacha que está demasiado lejos', o 'Un dolor de muelas para ella', o 'Un dolor de muelas, Sabina, la larga distancia, una muchacha y el Sub'. En fin, ya se te ocurrirá algo. El crédito puede ser 'Letra: el Sub. Música: Joaquín Sabina', o 'Letra y música: Joaquín Sabina (a petición del Sub)' o como quieras. Ojalá ella entienda... El Sub".
"Salud y ya sabe usted, si le sobra por ahí un analgésico o una tonadita, no dude en mandármelos. Ambas cosas se agradecen en este asfixiado pecho que le escribe... " "Desde las montañas del sureste mexicano. México, octubre de 1996" .
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27 de septiembre de 2009

ana

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¿Qué ven los niños? ¿Acaso un tierno mundo de juguetes, de risas, de asombro?
No. Ellos viven observando el entretejido de sus familias, las conversaciones que a hurtadillas se fagocitan por entender. Nadie repara en ellos. Nadie ve que son mirados y juzgados por los supuestos de las acciones y omisiones cometidas, por lo que interpretan de una historia real, diaria, que nunca es lineal, pero que así la conciben. Nos miran desde abajo, mientras nosotros creemos que son incapaces de algún análisis dialéctico. Nos miran, nos condenan y hasta creen hacer justicia desde un mundo alicaído de ternuras, de promesas y de coherencia.

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10 de septiembre de 2009

adiós

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¿Cuál es el límite de la verdad que arrojo en tu cara? ¿Debo ser piadosa, lastimarte de la misma manera pero con poco? ¿Acaso una verdad doliente no debe ser lo suficientemente grande para que valga tu tristeza? ¿Puedo darte muerte, alejarme, dejarte, sin demostrarte que me duele a mí también? Las caricias con las que te hago yacer, son peores que mi crueldad escondida. Los sollozos son más dolientes que el angustioso alarido de perdernos, menos ardientes que la volcánica e impetuosa nueva página con la que hemos de amanecer, poca cosa urdiendo el fin de los finales. Para que nada de eso suceda, nuestra voz debe cortar de cuajo el hilo que nos sostiene para morirnos definitivamente en el otro, sin caridad, sin pena, sin atajos.
. "Un pueblo escucha desolado el canto de un pájaro herido. Es el único pájaro del pueblo y es el único gato del pueblo que lo ha devorado a medias. Y el pájaro cesa de cantar el gato cesa de ronronear y de relamerse el hocico. Y el pueblo le hace al pájaro maravillosos funerales. Y el gato que está invitado marcha detrás del pequeño ataúd de paja donde el pájaro muerto está estirado llevado por una niñita que no deja de llorar. Si hubiera sabido que eso te daba tanta pena, le dice el gato, me lo hubiera comido del todo y después te hubiera contado que lo había visto volarse volarse hasta el fin del mundo allá donde es tan lejos que nunca se vuelve. Tu hubieras tenido menos pena Simplemente tristeza y aflicción Nunca hay que hacer las cosas a medias" J.P.

30 de agosto de 2009

rabia

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Pequeño, muy pequeño es el presidente de Colombia, casi pusilánime, por no serlo del todo. Me hace acordar a los débiles que torturan mentalmente a sus iguales de ser delatados por no compartir el criterio de los poderosos. Álvaro Uribe se lleva todos los premios de la escoria humana. Abierto socio de yanquilandia, prepoteó en la reunión de Unasur varias veces. La vocecita altisonante de este personaje siniestro abogó por la transmisión en directo de dicha cumbre, porque su socio del mal, estaba monitoreando desde su panóptico tecnológico aquello que cada presidente de la región, manifestara. Colombia, desde su mano, tiene injerencia militar de Estados Unidos en su propio territorio y él, contentísimo y hasta altivo con su obsecuencia se atrevió a ir mucho más allá, introduciendo una crítica a nuestro más alto tribunal, por el fallo de la despenalización de la tenencia de estupefacientes para consumo. Se parece a su amo, abofeteando la soberanía de cada país de la región y el muy cretino sabe y para eso lucha, que el país -que lamentablemente preside- es un punto estratégico para crear focos bélicos justificándole a los del Norte –de esa manera- la producción y renovación de las armas con las que se mata y se somete. Y el negro de arriba, quiere ir por más: continuar con Bolivia y Paraguay, así tenga que seguir escupiendo el asado que sólo unos pocos podrían comer, mientras se ríe del patán que oficia de celador. Sólo hay que sentarse y esperar a ver cuando se deshaga de un solo tiro del empleado sudamericano que cumplió con su deber de traidor.

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Para Manu, mi queridísimo Manu que nunca cambia su esencia.

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20 de agosto de 2009

celuloide

. Hoy no recuerdo lo que ayer pasó. En la madrugada olvido lo de la tarde anterior. En los días blancos extravío el fuego y en las noches ya no evoco los días. Pero, ante la muerte, en la hora decisiva, todos los días y noches nos pasan por la mente ¿Y entonces? ¿en el bochorno, en la estrechez? Es sumamente doloroso soñar en todo lo hermoso que se fue. Deseas levantarte y no puedes; es de noche.
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Alexander Blok
(1880-1921)
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13 de agosto de 2009

días

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Las calles se superponen yendo al salvataje de las personas que se apilan. Se comportan huidizas a la hora de salir del laberinto. Todas nos llevan a la misma esquina, esa que está ausente y persistimos en abrazarla. Siento el sol en mi rostro y sonrío. Pienso que este cierto calorcito es más democrático que el frío punzante sobre los que no tienen nada más que la dignidad. Busco denodadamente el nudo de mi esencia que es igual al de otros. Parece que estamos más solos que nunca y más tristes. Percibo que las personas hablan solas caminando a través de sus existencias buscando las respuestas a la nada, no recordando que el óbito es el que nos va a quitar todos los interrogantes cuando llegue. Y el sol acaricia mis ojos que se encandilan (mejor no ver) y voy hacia esa esquina en que confluyen todos los sentimientos, todas las iras, todas las tolerancias, todas las crueldades. Estamos de saldo, nuestra alma se encarga de rematarnos del todo. Ya no se necesitan balas para finiquitarnos porque estamos vencidos, tristes, desahuciados aunque palpitemos ese azar que nos libre del matadero. Las calles por las que dejamos nuestras huellas se convierten en boas constrictoras y confluimos a la tortura de no ser identificados. Nadie sabe nada de nadie y no importa. Es mejor. Menos trabajoso. El sol proyecta mi cuerpo en la acera y me gusta que no me abandone en mi anatomía de media luna, de vida escondida. Cuento mis pasos por simple entretenimiento, o por ceguera temporal. Persisto con alegría los avatares de no saber cuál es nuestro sentido. He probado poner el dedo en la llaga, pero prefiero acariciar el aire. Y miro sin ver lo que se me presume conocido. Las calles siguen superponiéndose, pero creo que salí del laberinto. El sol brilla aletargado sobre mi cabeza…

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