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3 de abril de 2010

momento

“lo que fuiste no volverá a suceder” Bukowski
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Quiero que te desnudes lejos de las luces de este atardecer y muy cerca de mi alma, quiero que no haya nada entre nosotros que impida ver las transformaciones de nuestras miradas. Trata de hablar sin pensar. Quiero que me cuentes de tus verdades pequeñas y de tus ansias, quiero oler el perfume a tabaco de tus manos. Quiero que mientras te ríes llames a la brisa que me despeina y que olfatees las huellas que dejaste atrás. Quiero que bailes como esas hojas que se precipitan a la acera, pero antes, mucho antes de que yazcan contra las baldosas tras el último aliento. Quiero que tu tequila no quede a mitad de camino y que este crepúsculo nos deje en paz. Quiero que tu voz cante palabras de un mundo mejor, mientras las luces del alumbrado se insuflan. Quiero no tener frío y que me regales ese collar que cuelga de tu cuello. Yo te ofrezco el mío que me obsequiaron hace poco menos de un año. Quiero que me escuches para creerme, porque de otra manera es inútil. Quiero que alguna confianza nacida de este momento entre las confesiones, arrullen los últimos estertores de los que ya se van con su lucha a otra parte. Quiero que sepas que si la noche es magnífica es por nosotros, por la valentía de ser corpóreos aunque sea por esta vez. Quiero mucho de amnesia y de arrojo. Quiero saber lo que es estar a tu lado en este compás de tiempo. Quiero tragos de alegría ante tanto desencanto para poder guardar el rescate de este próximo olvido.
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29 de marzo de 2010

luna

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Estoy sentada en el suelo. Sucumbo a las plantas, me dejo enmarañar por ellas de espaldas al balcón. Veo a mi izquierda la luna, redonda, plateada hundiéndose en el río. Un río que parece un mar y que lo imita. Estoy tranquila hurgueteando lo que queda de un cordón de mi zapatilla y juego a que no soy más que un simple decorado dentro de esta sala, pero es imposible, mi corazón me marca un ritmo pausado e inusitado. La luna hace el amor con el agua, la siento gemir tanto como yo cuando me hundo en el placer y veo sus ramblas, las mismas que Sabina cantó. Está engarzada en el cielo, en el mismo lugar en donde le sostienen su esqueleto y la amo porque me fue ofrendada varias veces. La sindico como mía. La perfumo y la peino. La acaricio así a tanta distancia. La cuido. Ella me ha hablado de la súplica que García Lorca le infería tras la llegada de los gitanos. Ella me ha contado los senderos que alumbró a caminantes. Ella me habló de la urgencia de dejar de alumbrar ante la salida del sol. Me derramo en el piso tras una música de guitarra que viene de la habitación contigua, tras unos compases que me requieren en toda su magnitud, en toda su danza. Todo lo demás está en calma y soy yo la que sonrío casi imperceptiblemente por la ternura que crepita en la noche. Desde algún lugar llegan deseos imperecederos de una noche plácida y me despido de ella hasta mañana en que proféticamente vendrá a buscarme para contarme más hazañas, todas esas que la honran y que la hacen entrañable.
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26 de marzo de 2010

dedicatoria

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Éste es el hombre que está a mi lado, que engalana mis días y mis noches. Que sabe mirarme. Que lucha a brazo partido contra la pobreza y la exclusión, por la memoria, la justicia y la verdad. Éste es el hombre que une su tragedia a las mías e inventa desde un pentagrama varias maneras de ilusionarnos. Y lo logra. Éste es el hombre que abriga mi alma a veces desollada, a veces esperanzada. A éste hombre le rindo un pequeñísimo reconocimiento, deslizándole ésta canción, sólo porque lo quiero, lo quiero, lo quiero...:
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24 de marzo de 2010

cansada

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Eso, estoy cansada. Llegué hace poco de la Plaza y sigo preguntándome dónde estuvieron, cuánto sufrieron, si algo los ilusionó, si en algún momento por alguna rendija vieron la luz, si se esperanzaron. Mucho espanto y sin polvo para barrer. No creo que estén en todos nosotros como dijo Hebe. No, no están. Apenas podemos recrearlos desde fotografías y anécdotas repetidas que seguramente le contaré con la mayor de las alegrías a mi hijo...porque cuando se recuerda, nos transportamos a la vida, la de ellos, la que fue y por un ratito nos engañamos. La memoria es importante, es indispensable, pero a veces quiero dormir para invocar el olvido por un tiempo. Estoy cansada, no tengo nada para decir, para transmitir ni para soñar. Les dejo el enlace de otro blog que alguna vez clausuré por esa maldita costumbre de no atarme a nada y que es el original del actual Voluptuosos Interiores, lo anexo a mi perfil y también lo verán acá al costadito derecho. Se llama igual, pero no soy aquella. Quizás por suerte. Abrazos a todos
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19 de marzo de 2010

yo

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Hay varias y variadas cosas que en mi vida no hice. No he robado, no he matado, no he engañado si a lealtad nos referimos (adentrarme en la fatua fidelidad como acto posesorio, no estuvo, ni está ni estará en mis planes amorosos) La única fidelidad que puedo rescatar de las ruinas, es aquella que se elige en momentos determinados y no por simple estereotipo convencional. Nunca pretendí ser más de lo que soy. Nunca competí. Nunca jugué con los sentimientos (posiblemente mis compañeros de senderos recorridos hayan creído eso más de una vez). Nunca me envilecí sin motivo. He sido cruel muchas veces, sin jactancias, pero con determinismo. Suelo ir hacia todos los lugares mirando a los ojos y siempre estuve segura de que se gana y se pierde por igual. Jamás he peleado con alguna mujer por un hombre, ni lo haré nunca porque nadie es objeto de nuestros caprichos. Pero hay algo, por sobre todas las cosas que nunca partirá de mí y es traspasar esa línea delgada que separa el deseo de la desesperación, porque si todos los afectos se postularan como desesperantes, seríamos obvias, patéticas, bizarras, tristes y no hay nada peor que una mujer triste que suplica. Para el caso, me quedo en un rincón esperando. Liquido de un saque toda pugna porque no me importa que alguien gane una batalla si yo planeo la guerra. Soy solidaria con las de mi género, tanto, que a veces me duele que me representen tan mal. Me duele y mucho que luzcan la intemperie de la soledad en que habitan. He dicho.
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14 de marzo de 2010

ver

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Para todos los que nos vimos. Para aquellos que aún no saben -por desgracia- lo que es encontrar otra mirada hecha a medida. Para los que dejamos pasar. Para los arrojados. Para los miedosos. Para los que nos abrigamos con recuerdos. Para los que prefieren el olvido. Para los que buscan recetas sin saber que ésto es lo único que existe:
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